vidala para una sombra

Nota publicada en Revista Matices – Mayo de 2015

Nenette -o su pseudónimo Pablo del Cerro- fue la pareja de Atahualpa Yupanqui. Y también la compositora  de la música de muchas de las grandes obras de nuestro folklore. María Palacios recreó su historia en una obra teatral documental.

“Chacarera de la piedras, Criollita como ninguna…”

Reza una de las chacareras más populares de Yupanqui. Lo que no es tan popular es que esa criollita es mitad francesa. La música fue compuesta por Pablo del Cerro o Nenette,  la esposa del gran poeta y cantor. Como tantas otras del cancionero folklórico.

Antonietta Paule Pepin Fitzpatrick nació en Canadá, en el Archipiélago de San Pedro y Miquelón y su idioma nativo era el francés, ya que era colonia en ese entonces. Durante la Primera Guerra su familia se mudó a Francia y allí comenzó su contacto con la música. En 1928 viajó con su padre a Buenos Aires, donde continuó sus estudios de piano en el Conservatorio Nacional de Música.

El piano la llevaría más tarde a hacer representaciones en Tucumán, donde conoció a Atahualpa, y, luego de una intensa amistad, en 1946 empezaron a convivir. De ahí en más, su piano comenzó a construir parte de la historia del folklore argentino.

Pero Nenette, apodo por el que la llamaba Atahualpa, no podía componer bajo su nombre. “El seudónimo Pablo del Cerro lo tomó primero porque en los tiempos en que ella y mi padre se unieron, mi padre estaba casado pero no divorciado de su primer matrimonio. Y no estaba bien visto el aspecto de la concubina, no estaba bien visto además el hecho de que Yupanqui, que ya era Yupanqui, firmara ahora con una francesa. Todos esos prejuicios que solían haber”, lo explica el hijo de ambos Roberto Chavero.

Bajo el seudónimo nacieron clásicos del cancionero popular como Luna Tucumana, el Alazán, Indiecito dormido, Chacarera de las piedras, Agua Escondida y La del campo. La influencia de Nenette en la música yupanquiana es notable. La impronta de música clásica se puede sentir en la guitarra de Atahualpa y esa es una contribución que se conoce poco.

UNA HISTORIA EN POEMAS

María Palacios es la directora de Vidala para una sombra. Se encontró con la historia de Nenette hace tiempo cuando acomodaba papeles y se cruzó con una nota periodística. Pasaron los años y María por fin decidió poner en escena una obra sobre la gran artista y compañera de Atahualpa.

La tarea no fue fácil. Requirió de una ardua investigación, visitas al Cerro Colorado, donde vivió la pareja, lecturas y charlas. Y en el medio  fue creciendo este doble personaje desdoblado en Nenette y Pablo del Cerro.

El trabajo continuó con las actrices que interpretan la obra: Eva Bianco y Alejandra Garabano. “Era dividir al personaje en dos. Que una haga de Pablo del Cerro y otra de Nenette. Esta cosa del espejo, de lo doble, de la figura y el fondo, de la sombra”, explica la directora.

Y de ese modo  comienza la obra. Dos mujeres envueltas en un mismo cuerpo, pero que se desarrollan en forma espejada. La esposa y madre, por un lado; la artista, por el otro. Una batalla entre dos voces y a la vez un mismo amor: la música y Atahualpa. La idea era contar la historia de ella como protagonista. Atahualpa tan sólo aparece en las cartas de amor que le envía. Pero el eje se centró en este dúo de personalidades. Todo desde una narrativa poética que evoca a la música yupanquiana.

“Me gustó el recorrido del personaje,  del suelo a elevarse con la poesía. Porque no nos queríamos poner en la posición de ‘pobre Nenette, estaba detrás de un gran hombre’. No lo tomamos desde ahí, sino dándole a ella una posición de creadora a la par de otro creador”, cuenta Alejandra Garabano y concluye: “Fue una confección con retazos pero que no fragmentan, sino que se vuelven imagen de un poema total que es la Vidala para una sombra”. 

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VIDALA PARA UNA SOMBRA se presenta los viernes de mayo a las 22 hs. en el Teatro La Chacarita (Jacinto Ríos 1449, Barrio Pueyrredón). Reservas: 4231159

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